Érase una vez un hombre de sonrisa radiante que veneraba tanto la buena comida que la convirtió en su razón de vivir. Y en ese alegre desfile de placeres, el vino ocupaba el trono real. Como restaurador y hotelero en el norte de Friuli—Italia, Mario Paron comprendió pronto que su misión era regalar emociones a las personas a través de su amor por el vino y que para hacerlo plenamente, debía producir vino con sus propias manos.
En 1969 adquirió los primeros viñedos en la zona de Collio e inicia Esta apasionante historia pronto tuvo como protagonistas a sus hijos Luciano, Gianfranco y Loris, quienes transformaron las enseñanzas de su padre en virtudes, aprendiendo a tocar y sentir la tierra, a seguir el tiempo y el fluir de las estaciones, a probar las uvas y vislumbrar el secreto de su pequeño-gran milagro. En los años siguientes, las tierras de la familia crecieron y muchos sueños se hicieron realidad. Aquella pequeña empresa agrícola es hoy, con la tercera generación, una bodega de prestigio internacional, embajadora del arte vitivinícola friulano en el mundo.
Érase una vez un hombre, primer héroe y autor de una fábula, que escribió la primera página dejando una huella imborrable. Degustemos extasiados este libro titulado “Fantinel”.
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